FRATERNIDAD

La fraternidad, una propuesta política

En años de contiendas electorales parece que la política se pusiera de moda, los ánimos se excerban y las conversaciones no siemrpe tienen la calidad necesaria, por eso queremos poner el foco sobre lo que consideramos el corazón de la política, como arte del bien común, del florecimiento humano.

La política necesita volver a tomar en serio la condición humana. Aristóteles ya señalaba que el ser humano es, por naturaleza, un ser político; sin embargo, buena parte del pensamiento político contemporáneo ha concentrado su atención en cómo orientar el comportamiento de los votantes hacia ciertos intereses, o en cómo gestionar eficazmente las instituciones, dejando en un segundo plano una cuestión fundamental: ¿quién es la persona concreta detrás de ese voto o de esos procesos?

Hoy, en un contexto que nos obliga a mirar de frente la fragilidad y, al mismo tiempo, la enorme capacidad y potencia del ser humano, nos encontramos ante un fenómeno innegable: la interdependencia que atraviesa todos los niveles de la vida política. Esta constatación nos invita a repensar, con renovada urgencia, la centralidad de la comunidad, verdadero genoma de toda organización política. Es allí donde emergen las múltiples configuraciones sociales, y donde la vida colectiva encuentra su núcleo constitutivo—un núcleo que no funciona por exclusión, sino por interrelación.

En este escenario, la fraternidad puede aportar claves decisivas para reimaginar la comunidad política contemporánea. En su sentido político, la fraternidad puede entenderse como el tipo de vínculo social que otorga forma y estabilidad tanto a los procesos sociales como a los gubernamentales que sostienen a la comunidad.

La pregunta por ese vínculo que actúa como amalgama de lo común no se vuelve relevante solamente en momentos críticos—como una pandemia, los masivos flujos migratorios o las nuevas composiciones sociales que estos generan—sino también frente a la crisis de las estructuras democráticas. Hoy somos testigos de un debilitamiento de la ciudadanía y de las formas tradicionales de participación política: partidos, asociaciones sociales, organizaciones religiosas, entre otras. Espacios que, en otro tiempo, sirvieron como puente entre las instituciones y la sociedad, han perdido fuerza como intérpretes, mediadores y articuladores de lo común.

La fraternidad, lejos de ser un concepto reciente, ha acompañado a las sociedades desde sus orígenes. Su presencia simbólica y normativa aparece ya en numerosos mitos fundacionales, donde desempeña un papel decisivo al establecer prototipos sociales y modelar las dinámicas de relación en la vida cotidiana.

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Tercera Edición del Itinerario de Alta Formación en Economía Civil

Economía Civil | Empresa y Comunión | Cooperación y Territorio.

7 -14 de junio de 2026, Italia

En las últimas décadas la eficiencia se ha convertido en el criterio dominante de organización económica. Pero la eficiencia, por sí sola, no sostiene un sistema. Una economía basada únicamente en contratos e incentivos resulta frágil. Sin vínculos de confianza, sin reciprocidad y sin arraigo territorial, la generación de valor pierde estabilidad en el tiempo.

La Economía Civil plantea una tesis exigente: las relaciones no son un complemento ético de la actividad económica; son su infraestructura.

  • Cuando una empresa genera confianza, reduce costos de transacción.
  • Cuando fortalece cooperación, amplía su capacidad de innovación.
  • Cuando se integra en su territorio, disminuye fragilidades futuras.

No se trata de responsabilidad social añadida. Se trata de diseño económico.

Del 7 al 14 de junio de 2026 se desarrollará en Piamonte y Trentino la tercera edición del Itinerario de Alta Formación en Economía Civil.

No es un programa académico convencional. Es una experiencia inmersiva en ecosistemas productivos donde competitividad y tejido social se refuerzan mutuamente.

Está dirigido a directivos, empresarios, funcionarios y líderes que consideren como uno de sus propósitos superiores contribuir eficazmente a los procesos de desarrollo integral y crecimiento económico de sus organizaciones y entornos.

Durante una semana se trabajará con empresas y actores territoriales que han logrado integrar empresa y comunión, cooperación y desarrollo local. El objetivo no es observar buenas prácticas, sino comprender la lógica sistémica que las hace posibles.

El Itinerario es impulsado por 2uno3 Florecimiento Humano, junto a Valioso Corporación, en alianza con la Università di Verona – Re-Word (Italia) y la Universidad Pontificia Bolivariana, articulando reflexión académica y práctica empresarial.

Inscripciones aquí

ESPERANZA

Principios de esperanza

Soñar, esperar, crear, imaginar son verbos que abren puertas y perspectivas de futuro, son aciones humanas que lejos de distanciarnos de la realidad, nos hacen atraversarla con una fuerza dinamizadora irresistible.

Esperar, por ejemplo, que significa poner en acto la esperanza, nada tiene que ver con una tediosa actitud pasiva, por el contrario significa poner en movimiento una energía capaz de transformar la realidad.

Edgar Morin identifica seis principios de la esperanza, el primero, que llama Vital, pone en evidencia esa tendencia incoercible hacia el futuro que subyace a todo lo que vive y que lo hace capaz de autogenerarse «Todo lo humano regenera la esperanza regenerando su vivir». El segundo es el principio de lo inconcebible: que subraya como todas las grandes transformaciones acontecidas en la humanidad, así como las creaciones, fueron impensables antes de que se produjeran. El tercero es el principio de lo improbable: todo lo bueno que sucedió en la historia fue siempre, a priori, improbable. El cuarto es el principio del topo, que excava sus túneles y transforma el subsuelo antes de que la superficie se vea afectada. El quinto es el principio del rescate al tomar conciencia del peligro: «Donde crece el peligro, también crece lo que salva». El sexto es un principio antropológico que parte de la conciencia de que el Homo sapiens ha utilizado hasta ahora solo una pequeña parte de las posibilidades de la mente / cerebro, por lo tanto, estamos en el inicio de la historia en la que pasamos de la especie humana dominante a la humanidad que cuida de los demás, del planeta, de sí misma .

Y añadiría a la lista propuesta por el intelectual francés, ese principio de esperanza trascendente que se nutre de las diversas tradiciones religiosas que han originado o moldeado culturas y han nutrido a hombres y mujeres de todos los tiempos y latitudes, dotándolos de fuerza y energía para lidiar con empresas importantes en favor del bien, el crecimiento o el desarrollo de las propias comunidades.

En tiempos que pueden parecer inciertos, nutrirse de la esperanza y comunicarla, significa ser un agente de cambio, un artesano de futuro.

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Amor social. Habitar nuestras ciudades y territorios desde nuevos paradigmas.

5 al 8 de septiembre de 2025

2uno3 hizo parte del equipo promotor de la 5 Escuela Internacional de Primavera “Habitar nuestras ciudades y territorios desde nuevos paradigmas: Amor social en tiempos de desigualdad”, en alianza con las redes de investigación internacional Social-One, Psy-Com, Diálogos en Arquitectura y el Movimiento Políticos por la Unidad (MPPU), la Universidad Pontificia Bolivariana, el Instituto Universitario Sophia, con su representación en América Latina Sophia ALC, la Universidad del Salvador, el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, el Departamento de Estudios Políticos y Sociales de la Universidad de Salerno, la Universidad de La Sapienza y la Universidad de Michigan.

Esta escuela contó con la participación 80 personas entre estudiantes universitarios avanzados, investigadores y docentes, provenientes de 12 países. La pregunta que guío el desarrollo del programa fue: ¿cómo el concepto de amor social, con sus diferentes dimensiones, puede contribuir a la construcción de ciudades, territorios y asentamientos humanos inclusivos? Para responder a ella se usó un método de trabajo interdisciplinar y transdisciplinar, bajo el modelo pedagógico que asume la escuela parte del constructivismo, que implica la construcción colectiva del conocimiento e integra el aprendizaje previo y el conocimiento nuevo, para favorecer el aprendizaje autónomo y cooperativo.

El programa comprendía dos grandes bloques: las mañanas en la Universidad pontifica Bolivariana se tenían las presentaciones magistrales de los docentes senior, de las investigaciones y del análisis de los procesos empíricos, así como una galería de proyectos desarrollados en los diferentes países. En la tarde se realizaron múltiples inmersiones en los diferentes barrios de Medellín, visitando experiencias y propuestas aplicativas del “amor social”, particularmente a través de colectivos sociales y artísticos de la ciudad. 

“Algunos ecos de los que fueron estos días de academia injertada en las calles de la ciudad: “En Medellín nos hicieron sentir como en casa. Cada visita a la ciudad, cada panel, cada mesa, cada póster y cada tesis han sido y siguen siendo una riqueza infinita, porque hablan de amor en la sociedad. Gracias a quienes encendieron esta llama hace ya algunos años y a cada persona que ha contribuido a hacer más grande, amplia y fuerte esta red de amor social” (Alejandra, economista chilena).

“Pascal escribió: «La claridad mental también implica claridad de pasión; por eso una mente grande y clara ama con fervor y ve con claridad lo que ama». Gracias a los organizadores y participantes por compartir visiones apasionadas y amor” (Alessandra, docente italiana).

“Gratitud por esta bella comunidad inserta en diversos territorios y remando en la dirección de ser vida, generando vida” (Marcial, voluntario chileno).

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Cuando la comunicación se rompe: una pregunta que sigue abierta

Para quienes comprendemos la importancia y el poder de la comunicación —y sus profundas implicaciones en el curso del mundo presente y futuro— permanece abierta una pregunta incómoda, casi dolorosa. Una pregunta que, pese a siglos de reflexión teórica, aún no hemos logrado responder del todo:

Cuando la comunicación se interrumpe o parece imposible, ¿cómo podemos pasar de la in-comunicación a la comunicación?

Entiendo aquí la comunicación como ese proceso de interacción e intercambio que nos permite sentirnos partícipes unos de otros; como la experiencia que nos hace capaces de dar juntos un nombre al mundo. Y precisamente por eso, esta pregunta se me presenta como una herida persistente, cotidiana. Se hace visible cada vez que experimento mi propia unicidad y, al mismo tiempo, me faltan los recursos —las palabras, los gestos, las mediaciones— para hacerme comprender por el otro, y aún más, para comprenderlo verdaderamente.

Entre interioridad y comunidad: una tensión irrompible

No se trata, sin embargo, de una cuestión meramente íntima o personal. El problema de la in-comunicación pone en evidencia el vínculo irrompible entre interioridad y comunidad, entre identidad y socialidad. Allí donde la comunicación falla, no solo se resiente el diálogo: se fractura también la posibilidad de reconocernos como parte de un nosotros.

De aquí surgen nuevas preguntas, igualmente urgentes:

  • ¿Cómo evitar que la comunicación esté al servicio de lógicas divisorias, binarias y polarizantes?
  • ¿Cómo romper con la conocida estrategia del divide et impera, que sigue operando como mecanismo de poder y control?
  • ¿Qué podemos proponer para que la comunicación se convierta, en cambio, en una amplificación noble de la capacidad cooperativa que caracteriza al ser humano?

Y, sobre todo:
¿Cómo pueden nuestras narraciones contribuir a derribar los muros invisibles que separan pueblos, facciones políticas, posiciones de pensamiento, disciplinas y cosmovisiones?

Narrar para derribar muros, no para reforzarlos

Sabemos —o al menos deberíamos saberlo— que lo que urge abatir, y no reforzar, a través de las narraciones cotidianas y mediáticas, son esos muros simbólicos que a menudo se sostienen sobre estereotipos, imágenes colectivas rígidas y simplificaciones peligrosas.

El problema es que hoy narramos mucho… pero no siempre narramos mejor.

La encrucijada digital: más voz, más responsabilidad

En la era digital, Prometeo ha vuelto a poner el fuego en manos humanas. Al menos el 50 % de la población mundial tiene hoy el potencial de hacer viajar su voz, su imagen, su interpretación del mundo. Con apenas 134 gramos de un smartphone, cualquiera puede convertirse en creador autónomo de sentidos y significados, con un alcance potencialmente global.

Y sin embargo, esta extraordinaria posibilidad convive con una paradoja inquietante:
la comunicación, lejos de unir, con frecuencia profundiza desigualdades y divisiones.

¿Cómo responder, entonces, a esta ecuación existencial de la comunicación contemporánea?
¿Qué deberíamos hacer para acrecentar la conciencia de nuestra interdependencia y de nuestra responsabilidad común en la sostenibilidad del planeta y de la vida social?

Una disyuntiva ineludible

Hoy nos encontramos frente a una elección clara. En las autopistas de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación podemos avanzar en dos direcciones opuestas:

  • hacia una creciente individualización y polarización en un mundo formalmente globalizado, o
  • hacia el tejido paciente de relaciones de reconocimiento y estima mutuos, capaces de devolver sentido y valor a la vida compartida.

No es una elección neutral. Nunca lo es.

La generatividad como clave

En este contexto, la categoría de generatividad, introducida en las ciencias sociales por el psicólogo Erik Erikson, se presenta como una perspectiva especialmente fecunda.

La generatividad expresa la capacidad de extender el cuidado, la preocupación y la responsabilidad más allá del propio interés inmediato: hacia la comunidad, la sociedad, la humanidad en su conjunto. Es una elección consciente, un acto de valor social y simbólico, que emerge cuando los seres humanos se comprometen con el bienestar de las generaciones futuras.

Aunque es una prerrogativa personal, la generatividad es profundamente relacional. Requiere descentralización, apertura al otro, disposición al cuidado y a la entrega. Toda acción es potencialmente generativa o degenerativa; nunca neutra.

Hacia una comunicación generativa

Pensar la comunicación desde la generatividad implica asumir que comunicar no es solo transmitir información, sino configurar mundo, habilitar o clausurar relaciones, abrir o cerrar futuros posibles.

La comunicación generativa que aquí se propone es aquella que actúa frente a los procesos de in-comunicación mediante acciones concretas, creativas e innovadoras, orientadas a hacer posible una realidad relacional positiva y a inaugurar nuevos escenarios sociales.

No se trata de ingenuidad, sino de responsabilidad.
No de optimismo vacío, sino de una apuesta ética y política por el futuro.

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Otra manera de hacer empresa: El alma de la economía está en las relaciones.

Segunda edición del Itinerario de Alta Formación,Economía Civil – Territorio y Cooperación – Sociedad y Empresa.

Unas semanas después de haber visitado y compartido espacios con empresas y organizaciones en el Piamonte y el Trentino, las palabras coherenciacomunidad y enfoque en el ser siguen resonando como faros que orientan nuestra práctica profesional, elementos que encontramos durante todo el Itinerario y que emergieron en modo natural y potente.

Del 15 al 22 de junio, participantes de seis países de América Latina nos reunimos en Italia para vivir una semana de formación, diálogo y transformación.

La segunda edición del Itinerario de Alta Formación en Economía Civil y de Comunión (Economía Civil – Territorio y Cooperación – Sociedad y Empresa) fue además de una experiencia académica y profesional, una vivencia profundamente transformadora que tocó múltiples dimensiones: humana, relacional, organizacional y territorial.

Contamos con 4 webinars teóricos previos, espacios de reflexión colectiva y, sobre todo, una inmersión práctica en experiencias empresariales concretas. Muchas de estas empresas están vinculadas a AIPEC (Asociación Italiana de Empresarios de Economía Civil y de Comunión) y llevan años demostrando que otra economía es posible: Ridix SpA, Reynaldi Srl Società Benefit, Panatè Glievitati Soc. Coop. Sociale, Bertola Group y Tecnodoor Snc.

Además, tuvimos la oportunidad de visitar lugares emblemáticos de innovación social y territorial: el Centro de Naciones Unidas para el Trabajo (ITCILO), el Environment Park y el Arsenal de la Paz en Turín. Esta ciudad, que alguna vez fue fuertemente industrial, hoy trabaja con decisión la sostenibilidad ambiental y social como horizonte para su futuro.

Pasamos también por Ivrea, donde conocimos la figura inspiradora de Adriano Olivetti, empresario por excelencia de una economía civil. De la mano de la Fondazione Adriano Olivetti, descubrimos cómo este empresario buscó integrar empresa y cultura, economía pública y privada, ciudad y campo. Su fábrica no era solo un lugar de producción, sino una herramienta para construir comunidad. Para Olivetti, la cultura era el primer recurso económico de una sociedad.

En el Trentino, región donde autonomía y cooperación son pilares del desarrollo territorial, visitamos la Federazione Trentina della Cooperazione, el Grupo Mezzacorona (con más de 120 años de historia) y Sant’Orsola Soc. Coop. Agricola, ejemplos de cómo la economía se vuelve motor de comunidad cuando el territorio se convierte en protagonista.

La visita a todas estas experiencias nos mostró con claridad que una forma de hacer empresa más humana, inclusiva y enraizada en su territorio no solo es deseable, sino ya es una realidad.

Las empresas de Economía de Comunión (que encontramos en las dos Regiones) nos ofrecieron momentos especialmente potentes. En Ridix, el equipo liderado por su CEO nos transmitió el profundo sentido de familia que se vive dentro de la organización. En Bertola Group, observamos con admiración cómo la empresa duplicó su plantilla en plena pandemia respondiendo con excelencia, mientras contrata a personas que otros descartan: mayores de 50 años, mujeres, jóvenes sin experiencia. En Tecnodoor, la producción se detuvo por más de dos horas para que casi todos los trabajadores participaran en el encuentro. 

En todas estas experiencias, emergía una constante: el “don” como chispa que pone en marcha relaciones generativas, capaces de producir, al mismo tiempo, buenos resultados económicos e innovación auténtica. También para las empresas fue significativo abrirse al encuentro y redescubrir, a través del diálogo, la fuerza transformadora de su propio camino.

Hoy, lo que nos sigue acompañando es la noción de empresa con alma, el rol del empresario como constructor de comunidad y la fuerza que nace de un equipo cuando cada miembro se siente reconocido y valorado.

Los participantes coincidieron en la fuerza transformadora del Itinerario, destacando la coherencia entre discurso y la práctica, la calidez de los encuentros y la profundidad humana de las experiencias.
Las reflexiones sobre el sentido del trabajo, la felicidad en él y el vínculo con el territorio se entrelazaron con un hallazgo fundamental: la comunión entre personas de diferentes países, que no solo compartieron aprendizajes, sino sembraron vínculos para futuras colaboraciones.

Como expresó un participante:

“Lo que vimos nos invita a transformar nuestras formas tradicionales de administrar desde la lógica del ser, no solo del hacer.”

Un itinerario organizado desde Colombia por 2uno3 Corp. y Valioso Corp. en colaboración con Istituto Universitario Sophia para América Latina, Federación Trentina de la Cooperación y empresarios EdC italianos.